Un espíritu luchador

Cuando podemos apartarnos de lo que no nos aporta y centrarnos en lo que si lo hace para poner todo nuestro entusiasmo en hacerlo realidad a pesar de todas las dificultades que pueda tener el resultado además de satisfactorio es inmensamente feliz.

Cuando somos niños necesitamos tener a alguien que crea en nosotros e interiorizarlo y tomar impulso para llegar a lo que nos propongamos.

Cuando no se cree en nosotros si no contamos con la autoestima suficiente podemos caer en el desánimo y la frustración llegará y con ella la resignación y el decaimiento.

La mayoría de las veces las excusas que encontramos no son reales, son falsos argumentos que nos hacen creer que lo que tenemos es lo que tenemos que tener y no podemos aspirar a más.

El ganador del Oscar al mejor documental corto en  1999, King Gimp nos da cuenta en un ejemplo muy tácito de que las dificultades están para vencerlas y que a lo mejor no de la manera que pensamos, pero si algo nos lo proponemos llegaremos a alcanzarlo.

King Gimp (literalmente ‘el rey de los tarados’, emitido en España como Un espíritu luchador) es una película documental de 1999 ganadora del Premio de la Academia de 1999 al mejor documental corto[1] y el Premio Peabody de 2000. King Gimp sigue la vida privada del artista Dan Keplinger de Towson, en Maryland (Estados Unidos), gravemente aquejado de parálisis cerebral desde su nacimiento. Los cineastas Susan Hannah Hadary y William A. Whiteford, de la Universidad de Maryland, Video Press y Tapestry International

Keplinger tenía trece años cuando los cineastas le conocieron como parte de su proyecto documental financiado por el gobierno federal sobre niños con discapacidad. La grave parálisis cerebral que Dan padecía le impedía controlar mínimamente los músculos de los brazos, piernas o boca: cuando los cineastas le conocieron apenas podía hablar ni vestirse él solo. Grabaron el traslado de Keplinger desde una escuela de educación especial al Instituto Parkville, en régimen de integración escolar; como usaba un pincel sujeto a la cabeza para pintar; su mudanza desde la casa de su madre a su primer apartamento; su primera exposición de pintura; su amistad con una joven que le ayudaba con los deberes; su baile de graduación en el instituto y las lágrimas que derramó en su ceremonia de graduación.[2]

Mientras estudiaba en la Universidad de Towson, Keplinger ayudó a escribir el guion del documental, pero los cineastas se quedaron sin fondos para acabar la postproducción. Consiguieron montar una película de 39 minutos, editada desde 80 horas de metraje y 80 páginas escritas por Keplinger. Tras de que esa versión de 39 minutos diera la campanada en un festival de cine sobre discapacidad, la cadena HBO compró el documental para su emisión, aportando suficiente dinero para acabar de editar la película.

Se estrenó el 5 de junio de 2000. Keplinger causó sensación en la ceremonia de los Óscars cuando saltó de su silla de ruedas excitado por el premio de Hadary y Whiteford.

Keplinger continuó su carrera de pintor con una exposición en la Galería Phyllis Kind de Nueva York en 2000. Regresó a la Universidad de Towson, donde obtuvo una licenciatura en comunicación en 1998, para completar su licenciatura en arte. Las pinturas de Keplinger suelen ser grandes lienzos de colores marcados, muchos de ellos autorretratos.

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